| Tenemos cinco pilares elementales
en los que basamos esta vergüenza colectiva:
Vergüenza cultural ante el mundo:
Porque somos reconocidos mundialmente por el país que ha
institucionalizado como cultura el maltrato a un animal, en este
caso el toro.
Todos los españoles nos hemos encontrado alguna vez con personas
de otros países que no comprenden esta costumbre, y a todos
nos ha sido imposible poder explicar el por qué de esta actividad
tan brutal.
En España disponemos de magníficos escritores, músicos,
intelectuales, deportistas de elite, personajes de sociedad, investigadores,
y un sinfín de actividades culturales que son desconocidas
mundialmente por no ser impulsadas económicamente, cosa que
sí sucede en el caso de los toros.
Vergüenza ante los vecinos más desvalidos de nuestro
país:
Porque con sus mismos impuestos se pagan cifras millonarias para
el toreo, cuando todavía escasean asistencias básicas
en sanidad, comunicaciones o educación.
Por otra parte los minusválidos son en España una
asignatura pendiente en la que se invierte muy poco en desarrollo,
por ejemplo en actividades deportivas, o estructuras para hacerles
menos difícil su discapacidad. La Seguridad Social en España
tiene varias asignaturas pendientes.
Vergüenza ante los animales:
“El animal no sufre” argumentan con desconocimiento
los aficionados al toreo. Disponemos de informes de profesionales,
veterinarios y biólogos, que indican desde puntos de vista
científicos el dolor insoportable que experimentan estos
animales cuando son tratados de esta forma.
Sobra con ver las imágenes en esta web, y sentir los gritos
de dolor y sufrimiento del animal, para poder refutar esta teoría
insólita, sin la necesidad de conocimientos científicos,
solo aplicando un poco de criterio lógico y humano.
Vergüenza ante nuestros hijos:.
A los que estamos educando en una sociedad agresiva e irrespetuosa
con el medio ambiente que nos rodea. Hoy en día, tras el
ultimátum que nos plantea la naturaleza, el toreo es más
que nunca una irresponsabilidad y una contradicción por nuestra
parte, los que nos encargamos de educar a las futuras generaciones
para lograr de nuestro mundo un espacio sostenible, respetuoso y
compasivo.
Vergüenza democrática:
Ya que se trata de una fiesta que le interesa a unos pocos, pero
que pagamos entre unos muchos, con nuestros impuestos y aportes,
lo que se traducen en subvenciones millonarias que año a
año llegan a las ganaderías del toro bravo (el que
solo se usa para estos fines) y a las plazas, sus restauraciones
y la difusión de la actividad.
Cerca del 20% de la población española se declara
aficionada al mundo de los toros, y la misma cantidad se declara
en contra. El aproximadamente 60% restante se muestra indiferente
ante esta actividad.
Tomando en cuenta esta situación estadística de los
intereses de los habitantes de nuestro país, nos encontramos
en situación de poder determinar los siguientes resultados
y analizarlos sociológica y filosóficamente.
Para que algo exista, debe haber alguien interesado en ese algo.
Pero si nadie resulta interesado en algún producto, servicio
o actividad, desde un punto de vista sociológico, dicha cosa
no existiría.
Por esto, es que si solo contamos con una quinta parte de la población
a favor, una quinta parte en contra, y tres quintas partes a los
que el tema ni siquiera les interesa, esto indica que si fuera por
las cuatro quintas partes de la población la tauromaquia
no tendría lugar ni razón de ser. Dicho de otra forma,
y democráticamente hablando, es injusto que entre todos estemos
pagando por el mero divertimento de una quinta parte de la población,
y mucho más injusto, que el resto, además, sintamos
vergüenza por ello.
|
|